La coherencia también gobierna

 

La coherencia también gobierna

La política suele ser el escenario donde las promesas terminan enfrentándose con la realidad. Son pocos los gobiernos que logran mantener coherencia entre lo que prometieron en campaña y las primeras decisiones que adoptan al llegar al poder. Por eso, los primeros nombramientos de una administración son mucho más que simples designaciones burocráticas: son la primera prueba de credibilidad.

Durante la campaña presidencial, Abelardo de la Espriella insistió en una idea que marcó buena parte de su discurso: los principales cargos del Estado debían estar en manos de los mejores, de quienes acreditaran experiencia, conocimiento y capacidad para dirigir instituciones estratégicas. El mensaje era claro: el mérito debía prevalecer sobre la afinidad política.

Hoy, cuando comienza la conformación del nuevo gobierno, las primeras decisiones parecen apuntar en esa dirección.

Los nombres anunciados para integrar el gabinete, así como las designaciones realizadas en entidades estratégicas como Ecopetrol, la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), el SENA y otras instituciones, envían una señal que muchos colombianos esperaban: recuperar el valor del conocimiento técnico como criterio para ejercer la función pública.

Ningún funcionario garantiza por sí solo el éxito de una entidad. Pero sí existe una diferencia sustancial entre administrar el Estado con personas preparadas para resolver problemas complejos y hacerlo privilegiando exclusivamente intereses políticos o compromisos burocráticos. La técnica no reemplaza la política; la fortalece cuando las decisiones se toman con evidencia, experiencia y visión de largo plazo.

La misma coherencia comienza a reflejarse en la política exterior. Colombia ha dado pasos para reconstruir las relaciones con aliados estratégicos que durante décadas han sido fundamentales para el país. Estados Unidos, Israel, Ecuador y otros socios representan mucho más que vínculos diplomáticos: son aliados en seguridad, inteligencia, comercio, inversión, innovación y cooperación internacional.

Recuperar esos canales de confianza no significa renunciar a la autonomía nacional. Significa comprender que un país inserto en la economía global necesita relaciones estables, previsibles y basadas en intereses compartidos.

La coherencia también implica reconocer el valor del talento humano que existe en el Estado colombiano. Durante años, miles de servidores públicos construyeron capacidades institucionales, lideraron procesos exitosos y acumularon experiencia en la gestión pública. Muchos de ellos vieron interrumpidas sus carreras por decisiones que privilegiaron la cercanía política sobre el conocimiento técnico.

El país necesita recuperar esa experiencia. No para regresar al pasado ni para sustituir una forma de exclusión por otra, sino para consolidar una administración donde el criterio principal sea la competencia profesional. Un Estado fuerte no se construye con gobiernos de amigos o de adversarios; se construye con gobiernos de personas capaces.

Quienes hemos dedicado buena parte de nuestra vida al servicio público sabemos que administrar lo público exige preparación, resultados y vocación. También sabemos que las instituciones pierden cuando el mérito deja de ser el principal requisito para servir a los ciudadanos.

Por eso, la verdadera coherencia del nuevo gobierno no se medirá únicamente por los discursos ni por los primeros nombramientos. Se medirá por la capacidad de mantener ese criterio durante los próximos cuatro años, de abrir espacios a profesionales competentes, de valorar la experiencia y de demostrar que el servicio público puede volver a ser sinónimo de excelencia.

La confianza de los colombianos no se recuperará con consignas. Se recuperará cuando el mérito vuelva a convertirse en la regla y no en la excepción. Si esa promesa se mantiene, el país habrá dado un paso decisivo hacia una institucionalidad más sólida, más eficiente y más respetuosa del talento de quienes están llamados a servir a Colombia.

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