De la confrontación a la reconstrucción

 

De la confrontación a la reconstrucción

Con la entrega oficial de las credenciales por parte del Consejo Nacional Electoral, Colombia cerró la discusión jurídica sobre el resultado de las elecciones presidenciales. Abelardo de la Espriella es, oficialmente, el presidente electo de la República y asumirá el próximo 7 de agosto. La democracia exige que, una vez las autoridades electorales hablan, todos los sectores políticos respeten la decisión soberana de los ciudadanos.

Durante los días posteriores a la elección hubo cuestionamientos, solicitudes de revisión y un ambiente de incertidumbre alimentado desde distintos sectores políticos. Ese es un derecho dentro del Estado de Derecho. Pero una vez concluidos los escrutinios y expedidos los actos oficiales, lo que corresponde es facilitar una transición institucional tranquila. Colombia necesita que quienes fueron derrotados actúen con la misma responsabilidad democrática que se exige a quienes obtuvieron la victoria. La protesta es legítima; alterar el orden público o desconocer las instituciones democráticas no lo sería.

Mientras tanto, el presidente electo ya comenzó a enviar señales sobre el tipo de gobierno que pretende conformar. El anuncio de Rodrigo Lara como futuro ministro del Interior representa un primer mensaje de experiencia institucional y conocimiento del Estado. Más allá de las afinidades políticas, se trata de un dirigente con amplia trayectoria en el Congreso y en la administración pública, una decisión que apunta a privilegiar perfiles con capacidad técnica y política para enfrentar los desafíos de gobernabilidad.

La conformación del gabinete será, sin duda, una de las primeras pruebas del nuevo gobierno. Los nombres que se anuncien deberán responder menos a cuotas burocráticas y más a criterios de competencia, liderazgo y resultados. Esa será una diferencia que muchos colombianos esperan observar frente al gobierno saliente.

Otro de los desafíos inmediatos será la política exterior. Colombia necesita reconstruir y fortalecer las relaciones con sus socios estratégicos tradicionales, especialmente Estados Unidos e Israel. La cooperación en materia de comercio, inversión, seguridad, innovación y desarrollo tecnológico exige una diplomacia pragmática que privilegie los intereses nacionales por encima de las diferencias ideológicas. Recuperar la confianza internacional también será una condición para atraer inversión y generar empleo.

El país no cambió únicamente de presidente. Cambió de rumbo por decisión de las urnas. Ese mandato democrático implica tanto responsabilidades para quien gobernará como para quienes ejercerán la oposición. El éxito de Colombia dependerá de que ambas partes comprendan que las instituciones están por encima de las personas y de los proyectos políticos.

Restan pocas semanas para el 7 de agosto. Ojalá sea una espera serena, en la que prevalezca el respeto por la democracia y la estabilidad institucional. Entonces comenzará el verdadero examen: convertir las promesas en resultados y demostrar que el cambio ofrecido puede traducirse en un país con mayor seguridad, crecimiento económico, confianza y oportunidades.

Muchos ya llaman a esa esperanza la Patria Milagro. A partir del 7 de agosto dejará de ser un eslogan de campaña para convertirse en un compromiso que deberá medirse, día a día, por sus resultados.

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